martes, 17 de septiembre de 2019

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EN CARRO ¡HASTA LA SOFÍA!.... ¡ALELUYA!

EL 18 de este mes de abril hubo en Sucumbíos – Misión Carmelita de Ecuador, dos eventos importantes para la historia de este mundo chiquito y, por lo mismo, también para ISAMIS. El primero fue la inauguración oficial de la llegada de la carretera recién construida al poblado de la Sofía en Sucumbíos Alto, que cumplía en esta fecha 41 años de creación como parroquia civil. El suceso, sin ninguna relevancia para los profanos, fue vivido con entusiasmo muy vital por los lugareños y pobladores más cercanos y por Isamis, como no podía ser de otra manera, pero también, y especialmente,  por todo el cantón Sucumbíos. Hay que haber sufrido  agonías por más de medio siglo sin ninguna  esperanza, para valorar qué significa tener un camino mínimo carrozable,  cuando, bien zurradas  las espaldas en el camino por la pesada mochila durante doce horas seguidas o más, había que pisar y brincar vericuetos increíbles y bellos de repechos magníficos, admirando  con los ojos tal vez cansados pero siempre curiosos, tanta maravilla chiquita de flores y bichos,  embebidos al tiempo por la  inundación del paisaje  y tanta cascada de  caprichosos tamaños  y belleza sin mesura! Mucho  alabaron, pues,  durante  medio siglo largo los pies cansados, al imaginativo Creador a través de estos “chaquiñanes” y mucho se ha sufrido por Dios y su pueblo en  aquellos veredas de lodo y desamparo de esos  Andes perdidos, éstos también a su manera, misioneros callados pero gritando el misterio a más no poder las maravillas creadas. Y por eso no podía faltar allí y en aquella hora de gozo popular, el obispo Gonzalo, entre agradecido y embelesado,  junto con  un pequeño grupo de misioneros y colaboradores cercanos, como el diácono permanente Amable Aguirre y los misioneros laicos Segundo Moreno y Mónica Carangui, y, por supuesto, con la infaltable vocera de las buenas causas, que eso es Radios Sucumbíos. Pero la fiesta representaba sobre cualquier otra razón, un verdadero tributo a los carmelitas fundadores de la Misión y a nuestros misioneros y pobladores de todos los tiempos, sin dejar de lado a los briosos operadores de las máquinas, colgados de ellas en semejantes abismos … No era para menos. Unos y otros y todos,  podrán sentirse muy sorprendidos desde la lejanía ante semejante suceso,  no tan insignificante después de todo para quienes  sudaron fatigas sobrehumanas por aquellas rutas épicas, siguiendo los pasos de Aquél Jesús  misionero que no tiene límites en la exigencia…

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